Diario de Práctica Experiencias

La despensa

Tengo fe en tu gran poder curativo Madre Tierra. Esa es la razón por la que puedo tomar refugio en ti

Thay

Ha llegado el frio, y la lluvia, me detiene a contemplar este paisaje invernal. En estos momentos, una sensación agradable brota en mí, al observar, la despensa llena de alimentos, que son el fruto de la generosidad de la Tierra, y del trabajo estival, y que ahora podemos saborear al calor de la leña.

Contemplar estos alimentos y poder saborearlos es una ocasión para recordar los días luminosos y cálidos del verano. Sentir la alegría del trabajo al sol, del contacto con la tierra y del fresco aire que me acaricia. Observar estos alimentos también es una oportunidad de sentir el esfuerzo amoroso de muchos seres vivos que han participado en su manifestación y en que en estos momentos llenen nuestra despensa para nutrirnos en estos días invernales.

Puedo ver la importancia del Interser, a través de estos alimentos. Tiempo atrás, quería ser autosuficiente, no comprendía la belleza de ser parte, de sentir la generosidad y el amor de muchos seres vivos a través de estos frutos. A día de hoy, estas ideas de autosuficiencia se han desvanecido para mostrarme lo hermoso que es depender de los demás.

Y es que detrás de cada alimento hay una historia, así pues, observo la miel y puedo sentir a Jose, en las montañas del Suído, cuidando y mimando a las abejas. Abriendo núcleos y haciéndome participar de sentir la impresión de estar rodeados por una gran cantidad de abejas revoloteando a mi alrededor, y en medio de este enjambre poder ver a la reina, danzando entre miles y miles de abejas. Es un espectáculo verlas llegar y partir una y otra vez, trayendo néctar y polen y llevando la misión de polinizar flor tras flor, el alimento de infinidad de seres vivos.

Puedo recordar los campos castellanos de Piñel de Abajo, dorados por la intensidad del sol, donde danzan miles de espigas de trigo, espelta, centeno…donde moran esbeltos garbanzos y lentejas al sonido de palabras amorosas de Goyo que nos cuenta con gran alegría las labores que realiza desde que era niño y que ha recibido de sus ancestros. La maravillosa sabiduría heredada y que hoy día con su diligencia y bondadoso esfuerzo se convierte en alimento para nosotros.

Siento el olor a mar y a sal que llena el secadero de algas que nuestro querido Clemente y su hermano Fermín nos enseñan, podemos contemplar la majestuosidad de esas verduras del mar, que una vez secas, aliñarán nuestros platos con un fragante toque marino. Es hermoso escuchar cómo con creatividad e ingenio apostaron hace más de 20 años por ofrecernos este maravilloso alimento de los mares.

Son tantas y tantas historias y recuerdos, que llenan nuestra despensa, nuestro cuerpo y nuestro corazón, tantas vidas intersiendo en un simple alimento…Por eso conocedores de esta maravilla no hemos podido dejar de ofrecer todas estas historias, estos alimentos, a nuestros hermanos y hermanas de la Sangha y nos hemos decidido a crear un grupo de consumo que siga cuidando de todas estas personas, que a su vez, cuidan de la Madre Tierra, que nos cuida a todos nosotros. Una maravillosa red de Indra, que muestra los reflejos luminosos de muchas vidas, de muchos frutos, que reposan en nuestra despensa.

Jorge

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